I used to think the major tradeoff was between “guns and butter” — between defending the nation and attending to our most pressing social needs.
That view put the federal budget at the center of debate. And it assumed a zero-sum game in which the more we spent on the military, the less we had for the poor. As Ike said in 1953, “Every gun that is made, every warship launched, every rocket fired signifies, in the final sense, a theft from those who hunger and are not fed, those who are cold and are not clothed.”
But that old zero-sum game isn’t the biggest cost Trump is imposing on us.
Yes, Trump’s war in Iran and the $1.5 trillion he wants for the Defense Department next year will make it harder for us to meet the nation’s other needs. As will the dramatic cuts he’s made or proposed in public health, education, Medicaid and Medicare, and nutrition assistance.
Yet the biggest cost is the cost of doing nothing about three worsening crises that threaten the very survival of America and the world: climate change, AI, and widening inequality.
Almost all Americans — indeed, most human beings — are now subject to the escalating costs of climate change. How much more evidence do we need?
This summer has been a living hell. Wildfires have forced around 60,000 people to evacuate parts of Washington state, destroying hundreds of buildings and leaving thousands without power. Fires in Canada turned the skies orange and the air foul across a large part of the eastern United States. Millions of lives have been threatened by a deadly heat dome.
Even if Trump weren’t worsening climate change by subsidizing fossil fuels, simply doing nothing would be shameful enough because the crisis is growing so fast. Years ago, climate scientists predicted exactly what’s occurring right now. Trump’s lack of leadership — no, his outright sabotaging of global efforts to stop the planet from becoming uninhabitable — is one of the worst sins of his sinful regime.
AI’s dangers are also now upon us.
If you believe that humans are in total control of AI, you haven’t been paying attention. Recently, at least two of OpenAI’s models escaped a sealed testing environment and broke into the servers of another AI company. The AI models “reasoned” that the solutions to a cybersecurity test were on that other company’s servers, so the models snuck onto the internet and hacked into the other company’s solutions.
This is chilling. The possibility of AI models escaping human control to do horrendous damage to human life is growing exponentially. Here again, the Trump regime’s inaction is a huge cost that’s soaring by the day.
My candidate for the third existential threat is wealth inequality, which is also out of control.
Billionaire wealth is surging to monarchical heights while the wages of the typical American aren’t even keeping up with price increases — meaning that most of us are getting poorer.
The problem isn’t inequality per se. It’s the consequences of inequality — especially widening corruption. Billionaires are using their wealth to bribe politicians to reduce their tax rates (which are already lower than most Americans face) and to stop lawmakers from regulating fossil fuels or AI.
Full circle.
Of course, there are still guns-versus-butter issues. Federal budget priorities are important.
America faces a yawning budget deficit and can’t possibly do everything that needs to be done.
Dollars spent on the military are literally taking food from America’s hungry.
Yet on the largest existential crises of our time, where the costs of inaction are rising to frightening levels, the solutions don’t require extraordinary government expenditure. They require thoughtful environmental and AI regulations, and far higher taxes on the wealthy.
Democrats and progressives running for Congress, governorships, and other positions must speak out loudly and clearly about the rapidly rising costs of inaction on climate change, AI, and inequality.
Demand action. Educate the public. Condemn the Trump regime and its backers — Big Oil, AI, and the billionaire class — for threatening the very survival of humans on the Earth.
El mayor coste de Trump: Va mucho más allá de la disyuntiva entre «cañones y mantequilla»
Solía pensar que el principal dilema era el de «cañones o mantequilla»: elegir entre defender a la nación y atender nuestras necesidades sociales más apremiantes.
Esa perspectiva situaba el presupuesto federal en el centro del debate y partía de la premisa de un juego de suma cero: cuanto más gastábamos en el ejército, menos recursos quedaban para los pobres. Como dijo Eisenhower en 1953: «Cada cañón que se fabrica, cada buque de guerra que se bota, cada cohete que se dispara significa, en última instancia, un robo a quienes pasan hambre y no son alimentados, a quienes pasan frío y no son vestidos».
Sin embargo, ese viejo juego de suma cero no es el mayor coste que Trump nos está imponiendo.
Es cierto que la guerra de Trump en Irán y el billón y medio de dólares que solicita para el Departamento de Defensa el próximo año dificultarán que atendamos otras necesidades de la nación. Lo mismo ocurrirá con los drásticos recortes que ha aplicado o propuesto en salud pública, educación, Medicaid, Medicare y programas de asistencia alimentaria.
No obstante, el coste más elevado es el de no hacer nada ante tres crisis que se agravan y amenazan la propia supervivencia de Estados Unidos y del mundo: el cambio climático, la inteligencia artificial y la creciente desigualdad.
Casi todos los estadounidenses —y, de hecho, la mayoría de los seres humanos— sufren ya las consecuencias cada vez más graves del cambio climático. ¿Cuántas pruebas más necesitamos?
Este verano ha sido un auténtico infierno. Los incendios forestales han obligado a unas 60.000 personas a evacuar zonas del estado de Washington, destruyendo cientos de edificios y dejando a miles sin electricidad. Los incendios en Canadá tiñeron el cielo de naranja y contaminaron el aire en gran parte del este de Estados Unidos. Millones de vidas se han visto amenazadas por una letal cúpula de calor.
Aunque Trump no estuviera agravando el cambio climático mediante subvenciones a los combustibles fósiles, la simple inacción ya resultaría vergonzosa, dada la rapidez con la que avanza la crisis. Hace años, los científicos climáticos predijeron exactamente lo que está ocurriendo ahora. La falta de liderazgo de Trump —o mejor dicho, su sabotaje deliberado de los esfuerzos mundiales para evitar que el planeta se vuelva inhabitable— constituye uno de los peores pecados de su nefasta administración.
También nos enfrentamos ya a los peligros de la inteligencia artificial.
Si cree que los seres humanos tienen el control absoluto de la inteligencia artificial, es que no ha estado prestando atención. Recientemente, al menos dos modelos de OpenAI escaparon de un entorno de pruebas aislado y penetraron en los servidores de otra empresa de inteligencia artificial. Los modelos de IA «razonaron» que las soluciones a una prueba de ciberseguridad se encontraban en los servidores de esa otra compañía, por lo que se colaron en Internet y hackearon los sistemas de la otra empresa para obtener dichas soluciones.
Esto resulta escalofriante. La posibilidad de que los modelos de IA escapen al control humano y causen daños atroces a la vida humana crece exponencialmente. Una vez más, la inacción del régimen de Trump conlleva un coste enorme que aumenta día a día.
Mi candidato para la tercera amenaza existencial es la desigualdad de riqueza, que también se encuentra fuera de control.
La riqueza de los multimillonarios alcanza niveles propios de monarcas, mientras que los salarios del estadounidense promedio ni siquiera siguen el ritmo del aumento de los precios; esto significa que la mayoría de nosotros nos estamos empobreciendo.
El problema no es la desigualdad en sí misma, sino sus consecuencias, especialmente la creciente corrupción. Los multimillonarios utilizan su riqueza para sobornar a políticos a fin de reducir sus tipos impositivos (que ya son más bajos que los que afronta la mayoría de los estadounidenses) y para impedir que los legisladores regulen los combustibles fósiles o la inteligencia artificial.
Volvemos al punto de partida.
Por supuesto, siguen existiendo dilemas sobre la asignación de recursos (el clásico dilema de «cañones o mantequilla»). Las prioridades del presupuesto federal son importantes.
Estados Unidos se enfrenta a un déficit presupuestario abismal y es imposible que haga todo lo que es necesario.
El dinero gastado en el ejército está, literalmente, quitando comida a los estadounidenses que pasan hambre.
Sin embargo, ante las mayores crisis existenciales de nuestro tiempo —cuyos costes por inacción alcanzan niveles alarmantes—, las soluciones no requieren un gasto público extraordinario. Requieren regulaciones sensatas sobre el medio ambiente y la IA, así como impuestos mucho más elevados para los ricos.
Los demócratas y progresistas que aspiran a ocupar escaños en el Congreso, gobernaciones y otros cargos deben alzar la voz con claridad y firmeza sobre los costes, en rápido aumento, de la inacción frente al cambio climático, la IA y la desigualdad.
Exijan medidas. Informen a la ciudadanía. Condenen al régimen de Trump y a sus aliados —las grandes petroleras, la industria de la IA y la clase multimillonaria— por amenazar la propia supervivencia de la humanidad en la Tierra.




















































