Last week, the unlikely duo of Bernie Sanders and Steve Bannon keynoted a Washington conference to demand a stop to AI, its data centers, and the risks AI poses to jobs and even to the human species.
Notably, both lambasted the corporate oligarchs behind AI.
The most potent force in American politics is anti-establishment fury at a system seen as rigged against average working people. AI has become Exhibit A.
Until recently both parties largely avoided criticizing the wealthy corporate elites that funded their campaigns. In nature as in politics, one does not bite the hands that feed.
Trump Republicans have instead aimed populist fury at immigrants, LGBTQ+ people, Black and Latino people, “communists,” Muslims, so-called “woke” leaders, “coastal elites,” “childless cat ladies,” and other scapegoats.
Democrats — with the exceptions of Bernie Sanders, AOC, and a few others — have also avoided criticizing wealthy corporate elites, aiming populist fury at Trump.
This may be changing.
It’s becoming obvious to much of America that giant corporations have been raking it in while workers have been taking it on the chin.
As of mid-2026, according to the Bureau of Labor Statistics, the percentage of the total economy going to workers as wages fell to a record low of 52.9 percent (down from above 65 percent when tracking began in 1947) — leaving the rest to investors, business owners, and corporate profits.
AI is on the way to causing far more inequality — generating billions for its backers while reducing jobs and wages.
Trump and his regime, meanwhile, have exposed the greed, venality, cupidity, and corruption of America’s wealthy corporate elites by allowing them to do anything they want — including energy-guzzling, water-depleting AI data centers — as long as they kiss his assets by funding his PAC, paying for his ballroom, and singing his praises.
Trump has thereby unveiled the truth about corporate America that for years had been hidden behind corporate PR about “corporate social responsibility,” corporate charity, and “trickle-down” economics: The captains of corporate America are willing to throw average working Americans under the bus to make billions more.
Corporate avarice under Trump has become so blatant and corporate America’s contempt for the needs of average Americans so flagrant that most Americans are now catching on. In a recent NBC poll, 54 percent of Americans agreed that “When it comes to politics and society, nothing really matters because powerful people will always do whatever they want.”
AI may well be the final tipping point.
Data centers are unpopular — some 70 percent of the public opposes them. And Americans harbor deep suspicions of AI. Over 60 percent believe AI could destroy humanity (this includes 60 percent of Trump supporters).
Fears about AI are provoking larger concerns about wealthy corporate elites bribing politicians — not just to get generous subsidies for AI but also to reduce the corporate elite’s tax bills, kill off unions, slash social safety nets, deregulate Wall Street, attain no-bid government contracts, receive exclusive licenses, open tax loopholes, get tariff exemptions, use public lands, and become even bigger monopolies.
Because of Trump, Americans are coming to view those wealthy corporate elites as more aligned with Republicans than with Democrats. According to last week’s Times-Siena poll, when likely voters were asked which party the word “elitist” describes, 43 percent said Republicans while 33 percent said Democrats.
This is something of a return to how America’s two major political parties used to be viewed. Before World War II, Democrats were assumed to be on the side of working people against wealthy corporate elites. On the eve of his 1936 reelection, FDR told the American people they were fighting “business and financial monopoly, speculation, reckless banking, class antagonism, war profiteering …. We now know that Government by organized money is just as dangerous as Government organized by the mob.”
Will Democrats seize the moment and embrace the new AI-fueled economic populism? Or will they continue to succumb to the siren song of big money?
According to Politico, some Democratic political consultants are quietly urging candidates in the toughest battleground races to stay mum on AI “over fears that powerful and well-resourced pro-AI interest groups could spend money pummeling them in the final weeks of the midterms.”
It’s not just the future of the Democratic Party that’s at stake; it’s the future of America.
El auge del populismo de la IA: ¿Estamos ante una reconfiguración política frente al poder corporativo?
La semana pasada, la insólita pareja formada por Bernie Sanders y Steve Bannon intervino como oradora principal en una conferencia en Washington para exigir que se frene la inteligencia artificial (IA), se detenga la construcción de sus centros de datos y se aborden los riesgos que esta tecnología plantea para el empleo e incluso para la especie humana.
Cabe destacar que ambos arremetieron duramente contra los oligarcas corporativos que impulsan la IA.
La fuerza más poderosa de la política estadounidense es la indignación antisistema contra un esquema percibido como amañado en perjuicio de los trabajadores comunes. La IA se ha convertido en la prueba irrefutable de ello.
Hasta hace poco, ambos partidos evitaban en gran medida criticar a las élites corporativas adineradas que financiaban sus campañas. Tanto en la naturaleza como en la política, uno no muerde la mano que le da de comer.
En cambio, los republicanos partidarios de Trump han dirigido su furia populista contra inmigrantes, personas LGBTQ+, población negra y latina, “comunistas”, musulmanes, líderes etiquetados como “woke”, las “élites costeras”, las “mujeres con gatos y sin hijos” y otros chivos expiatorios.
Los demócratas —con las excepciones de Bernie Sanders, AOC y algunos otros— también han evitado criticar a las élites corporativas adineradas, dirigiendo su furia populista contra Trump.
Esto podría estar cambiando.
Para gran parte de Estados Unidos resulta cada vez más evidente que las gigantescas corporaciones han estado amasando fortunas mientras los trabajadores sufrían las peores consecuencias.
A mediados de 2026, según la Oficina de Estadísticas Laborales, el porcentaje de la economía total destinado a los salarios de los trabajadores cayó a un mínimo histórico del 52,9 % (frente a más del 65 % registrado cuando comenzó el seguimiento en 1947); el resto quedó en manos de inversores y propietarios de empresas, o se destinó a beneficios corporativos.
La IA va camino de generar mucha más desigualdad: reporta miles de millones a sus impulsores mientras reduce el empleo y los salarios.
Mientras tanto, Trump y su administración han dejado al descubierto la codicia, la venalidad, la avaricia y la corrupción de las élites corporativas adineradas de Estados Unidos al permitirles hacer lo que quieran —incluida la creación de centros de datos de IA que consumen cantidades ingentes de energía y agua—, siempre y cuando le rindan pleitesía financiando su comité de acción política (PAC), pagando por el uso de sus salones de baile y alabándolo públicamente.
De este modo, Trump ha revelado una verdad sobre el mundo empresarial estadounidense que durante años permaneció oculta tras las campañas de relaciones públicas sobre “responsabilidad social corporativa”, filantropía empresarial y la teoría del “derrame económico”: los líderes empresariales de Estados Unidos están dispuestos a sacrificar a los trabajadores comunes para ganar miles de millones más.
La codicia empresarial bajo el mandato de Trump se ha vuelto tan descarada, y el desprecio del mundo corporativo estadounidense por las necesidades del ciudadano medio tan flagrante, que la mayoría de los estadounidenses ya se está dando cuenta de la situación. En una encuesta reciente de la NBC, el 54 % de los estadounidenses coincidió en que «en lo que respecta a la política y la sociedad, nada importa realmente, porque los poderosos siempre harán lo que quieran».
La inteligencia artificial (IA) bien podría ser el punto de inflexión definitivo.
Los centros de datos son impopulares: alrededor del 70 % de la población se opone a ellos. Además, los estadounidenses albergan profundas sospechas sobre la IA. Más del 60 % cree que la IA podría destruir a la humanidad (incluido el 60 % de los partidarios de Trump).
Los temores en torno a la IA están suscitando preocupaciones mayores sobre las élites empresariales adineradas que sobornan a los políticos, no solo para obtener generosos subsidios para la IA, sino también para reducir su carga fiscal, acabar con los sindicatos, recortar las redes de protección social, desregular Wall Street, conseguir contratos gubernamentales sin licitación, obtener licencias exclusivas, abrir vacíos legales fiscales, lograr exenciones arancelarias, utilizar tierras públicas y convertirse en monopolios aún mayores.
Debido a Trump, los estadounidenses empiezan a percibir a esas élites empresariales adineradas como más afines a los republicanos que a los demócratas. Según la encuesta de *The New York Times* y Siena College de la semana pasada, cuando se preguntó a los votantes probables qué partido encajaba con la etiqueta de «elitista», el 43 % señaló a los republicanos, mientras que el 33 % mencionó a los demócratas.
Esto supone, en cierto modo, una vuelta a la percepción que se tenía anteriormente de los dos grandes partidos políticos de Estados Unidos. Antes de la Segunda Guerra Mundial, se consideraba que los demócratas estaban del lado de los trabajadores frente a las élites empresariales adineradas. En vísperas de su reelección en 1936, Franklin D. Roosevelt dijo al pueblo estadounidense que luchaban contra «el monopolio empresarial y financiero, la especulación, la banca temeraria, el antagonismo de clases, el lucro con la guerra… Ahora sabemos que un gobierno controlado por el dinero organizado es tan peligroso como un gobierno organizado por la chusma».
¿Aprovecharán los demócratas el momento y abrazarán el nuevo populismo económico impulsado por la IA? ¿O seguirán sucumbiendo al canto de sirena del gran capital?
Según *Politico*, algunos asesores políticos demócratas están instando discretamente a los candidatos de las contiendas electorales más reñidas a guardar silencio sobre la IA, «por temor a que grupos de interés poderosos y con grandes recursos, favorables a la IA, gasten dinero para atacarlos ferozmente en las últimas semanas de las elecciones de mitad de mandato». No es solo el futuro del Partido Demócrata lo que está en juego; es el futuro de Estados Unidos.













































