At least since the 1950s, Congress’s funding bills have routinely banned the use of taxpayer funds for “publicity or propaganda.” The Government Accountability Office defines this as stuff that’s “purely partisan” or “self-aggrandizing.”
Now, just weeks ahead of the midterm elections, Trump is using taxpayer funds for ads that are purely partisan and self-aggrandizing.
One declares that “this is the final battle” as Trump walks down a hall, over audio of his warnings against “the deep state,” “warmongers,” “globalists,” “Marxists,” “communists,” and “fascists.”
Another shows a montage of photos and videos of Trump, intercut with campaign talking points like “largest tax cuts in history” and “reigniting American manufacturing” over the song “Love Me” by singer-songwriter JMSN. A third features views of Mount Rushmore interspersed with Trump’s speech there for the Fourth of July anniversary.
All end with “Paid for by the U.S. Government.” According to the advertising-tracking company AdImpact, the ads have cost U.S. taxpayers more than $1,700,000 so far.
You don’t have to have a law degree to know these are illegal.
Even Republican officials concede it. “I like the message, but it shouldn’t be paid for with taxpayer dollars,” Republican Senate Majority Leader John Thune told reporters yesterday. Texas Republican Sen. John Cornyn said, “It’s not even a close question.”
So why is Trump running these ads? Not because he thinks they’ll help Republican candidates. As economist Paul Krugman has noted, Trump is so unpopular that Republicans in close races don’t want to voters to be reminded that Trump is effectively on the ballot.
He’s running these advertisements for himself because Trump is consumed with himself. He knows he’s sinking in the polls and views positive publicity as a potential way to reverse the decline.
They’re also means of soothing his bruised ego. The more he hears and sees testimonials to himself, even if he has to order them, the better he feels. He may even think “Paid by the U.S. Government” in bold letters at the end of the ad signals the ad’s official legitimacy.
Finally, he’s preparing his legacy. He’s losing his power and he’ll soon be a lame duck so naturally his thoughts turn to how he’ll be remembered. Like etching his name on buildings and erecting triumphal arches in his honor, he wants Americans to recall him as a great president.
The problem for Trump is that, as an old ad executive once told me, “no advertisement can save a sh*tty product.”
¿Por qué Trump está difundiendo anuncios sobre sí mismo financiados por los contribuyentes? No porque vayan a ayudar a los candidatos republicanos
Al menos desde la década de 1950, los proyectos de ley de asignación de fondos del Congreso han prohibido sistemáticamente el uso de dinero de los contribuyentes para fines de “publicidad o propaganda”. La Oficina de Rendición de Cuentas del Gobierno (GAO) define esto como material de carácter “puramente partidista” o destinado a la “autopromoción”.
Ahora, a pocas semanas de las elecciones de mitad de mandato, Trump está utilizando fondos públicos para anuncios que son puramente partidistas y de autopromoción.
Uno de ellos declara que “esta es la batalla final” mientras Trump camina por un pasillo, acompañado por el audio de sus advertencias contra el “Estado profundo”, los “belicistas”, los “globalistas”, los “marxistas”, los “comunistas” y los “fascistas”.
Otro muestra un montaje de fotos y vídeos de Trump, intercalados con mensajes clave de campaña —como “los mayores recortes de impuestos de la historia” y “reactivación de la industria manufacturera estadounidense”— al ritmo de la canción “Love Me”, del cantautor JMSN. Un tercero presenta imágenes del Monte Rushmore entremezcladas con el discurso que Trump pronunció allí durante la celebración del 4 de julio.
Todos concluyen con la frase: “Pagado por el Gobierno de los EE. UU.”. Según AdImpact, una empresa que monitorea la publicidad, estos anuncios han costado a los contribuyentes estadounidenses más de 1.700.000 dólares hasta la fecha.
No hace falta ser abogado para saber que son ilegales.
Incluso los funcionarios republicanos lo reconocen. “Me gusta el mensaje, pero no debería pagarse con el dinero de los contribuyentes”, declaró ayer a la prensa el líder de la mayoría republicana en el Senado, John Thune. Por su parte, el senador republicano por Texas John Cornyn afirmó: “Ni siquiera es una cuestión dudosa”.
Entonces, ¿por qué Trump emite estos anuncios? No porque crea que ayudarán a los candidatos republicanos. Como ha señalado el economista Paul Krugman, Trump es tan impopular que los republicanos que compiten en elecciones reñidas no quieren que se recuerde a los votantes que Trump figura, en la práctica, en la boleta electoral.
Emite estos anuncios por sí mismo, porque Trump está obsesionado consigo mismo. Sabe que está perdiendo terreno en las encuestas y considera que la publicidad positiva es una forma potencial de revertir ese declive.
También son un medio para calmar su ego herido. Cuanto más escucha y ve testimonios a su favor —incluso si él mismo tiene que encargarlos—, mejor se siente. Puede que incluso piense que la frase «Pagado por el gobierno de EE. UU.» en letras negritas al final del anuncio le confiere legitimidad oficial.
Por último, está preparando su legado. Está perdiendo poder y pronto será un mandatario saliente sin peso político (*lame duck*), así que, naturalmente, sus pensamientos se centran en cómo será recordado. Al igual que grabar su nombre en edificios y erigir arcos de triunfo en su honor, quiere que los estadounidenses lo recuerden como un gran presidente.
El problema para Trump es que, como me dijo una vez un veterano ejecutivo de publicidad: «ningún anuncio puede salvar un producto de mi*rda».














































